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22 horas en neonatología con mi hijo de 1 semana de vida

5 octubre, 2017

El puerperio es un estado bastante loco e intenso, que te conecta con lo más profundo del sentido animal-mamífero, es lo que te permite el vínculo con ese cachorro humano para asegurar su supervivencia.

En eso estaba en los primeros días de llegar a mi casa y de acostumbrarme al nuevo integrante, cuando comencé a notar cierto color amarillento en él, cosa que en vez de bajarle le iba aumentando sutilmente cada día más, comencé a sacarle fotos en su cara y piernas para comprobar si efectivamente había avances, la pediatra fue un gran apoyo en esto, ya que le iba reportando diariamente. Con mis 3 hijos anteriores no me había pasado, y dude muchas veces si era de paranoica que veía a mi guagua más amarilla.

La pediatra me ofreció 2 veces verlo antes del control de los 10 días, hasta que acepté, media reticente y fuimos con mi marido, yo pensando que me dirían que todo está bien. Ella lo vio le hizo unas observaciones clínicas y su respuesta fue categórica, está amarillo tu instinto tenía razón, llévalo a hacerle el examen de la bilirrubina y pide que lo tengan listo en 2 horas (es decir con urgencia)

Volvemos a la casa ese día jueves y a las 2 horas reviso el examen, efectivamente el examen indicaba que tenía muy alta la bilirrubina, es decir un cuadro de Ictericia, muchas más de lo que esperábamos, llamo a la pediatra y ella me confirma lo que sospechaba “María Paz estaba revisando el examen de Mateo, me llamaron del laboratorio, quiero que con calma le hagas el bolso y te vengas a la clínica, hay que hopitalizarlo hoy mismo para hacerle fototerapia” desde ese momento, todo me pareció como una película, lento, doloroso, sólo recuerdo que me entró un miedo tremendo, mi instinto de madre me había dicho que algo estaba mal en mi guagua, pero la palabra hospitalizarlo me parecía terrible, tan sólo tenía 8 días de vida.

Hice su bolso y el mío, mientras la lagrimas no dejaban de asomarse en un estado tan vulnerable como el puerperio. Mi marido y mi hermana llegaron a apoyarme, de verdad no entendía bien lo que pasaba, recién estaba sacando sus cosas de la clínica y ahora volver a llevarlas, con algo incierto, ¿hasta cuando duraría?, mi marido me decía “imagínate que esto es un remedio, que sólo se puede dar allá (la luz de la fototerapia) por eso hay que ir” y yo lo entendía desde la razón, sólo que irme y dejar a mis niños, todo por mi guagua recién nacida, recuerdo que ese fue el primer día que me vestí después del reposo del post parto.

Llegamos a neonatología, mi pediatra había dejado las indicaciones y nos estaban esperando, entramos y lo primero que me dicen “denos a su guagua y vayan a cambiarse”, sentí por primera vez que me lo arrebataban de mi manos, me impuse y le dije que entraría con él, Mateo esta acostumbrado a mis brazos y la enfermera me dice las palabras que más me dolieron “tiene que acostumbrarse porque aquí no se puede quedar después de las 19:00 hrs.” y yo en ese minuto sentí que me moría, las lagrimas caían a chorros abrazaba a mi guagua, mi marido detrás me decía entrégaselo y yo sentía que me quitaban un órgano, me puse una bata para amamantarlo me lave las manos hasta el codo y mi marido debía a hacer el tramite de la admisión. Entre a la neonatología y vi como lo iban desvistiendo, me hacían preguntas, lo pesaban, que leyera el reglamento de procedimientos invasivos y dolorosos, que firmara y yo lo único que hacia era llorar y rezar mientras veía desnudo a mi chiquitito,  y me dijeron de tanto llanto de él, que si quería darle pecho máximo 30 minutos para ponerlo en fototerapia lo antes posible. Lloré y recorrí cada centímetro de su pequeño cuerpo mientras mi lagrimas caían en su piernas, por fin llegó mi marido y me sentí más apoyada, lamentablemente él debía irse a trabajar y podía estar sólo un rato junto a mí. Recuerdo que eran 14:30 cundo lo metieron a su cunita con luz y yo sentía que quedaban tan pocas horas con mi guagua, a pesar que no lo podía tocar, podía estar al lado, mirarlo. Llegó la pediatra una vez sola con mi guagua, ella me calmó, me abrazó y una enfermera también, me dijo “nosotros no somos malas, vamos a cuidar a su guaguita con mucho cariño” después de ese gesto de contención, fui al baño donde me alejé por primera vez por opción de mi guagua y lloré, lloré con ganas, y dije basta ahora debo estar con él las horas que me queden, le cantaré, le hablaré. Recuerdo que cuando entré pude ver recién a mi alrededor, vi guaguitas muy pequeñas de 1 kilo y otras de 2 kilos, ruidos de maquinas, había un mundo ahí doloroso, en las personas más vulnerables de la tierra, mamás al lado de las cunas de sus guaguas, agradecí que lo de mi hijo no fuera grave y pude conectarme con el dolor ajeno de esas madres y sus hijos.

Trate de sacarme leche 3 veces, era tanta la pena que no podía, el lactario era una tortura para mí (siendo que soy super lechera), en vez de estar con mi guagua estaba lejos, hablé con la pediatra y me recetó la leche hidrolizada neocate para la noche, debido a los antecedentes de alergia de mi tercer hijo, yo me considero super lactivista, pero ese traspié de no poder sacarme leche no me frustró en lo absoluto, y recordé una conversación con Graziana De Bozzo (fundadora de Liga de la Leche Chile) ”dar 2 o 3 mamaderas durante los primeros 6 meses por una situación especifica, no te va quitar la inmunidad de la lactancia materna exclusiva”.

Cuando fue la hora de irme comenzó el llanto de nuevo, llegó mi marido a acompañarme durante el último tramo, él no decía nada, solo me miraba. Cuando dejé a mi guagua, acompañada por frases de médicos y enfermeras “aprovecha de dormir”,“tómalo como un regalo para dormir toda la noche”, “váyanse luego, o su guagua no se va dormir nunca si los siente al lado” y otros comentarios que no quiero recordar, comentarios que están lejos de empatizar con lo que uno siente.  Después de tantos meses conectados, estar sin mi guagua ni adentro mío ni afuera, fue una sensación desgarradora, me sentía despersonalizada, “en falta”, sin hambre, sin ganas de nada, sólo quería a mi guagua obsesivamente, llegar a la casa fue duro, mis hijos preguntaban por su hermano, nadie les había anticipado nada, yo estaba desecha, jamás llamé a mi casa, ya que no estaba permitido los celulares en neonatología. 

Tomé las cosas del sacaleche las esterilicé, sabía que al par de horas mis pechos me dolerían con la leche de mi guagua. Llamé una vez para saber como estaba mi gordo y lo escuche llorando era la única guagua llorando, le dije por favor tomenlo en brazos, el solo sabe dormir de noche en brazos desde que nació, no pude llamar más, el dolor me mataba. Mi marido me recordaba que teníamos mas hijos, yo no podía ni conmigo misma, no podía sostener a nadie más. Los abracé a mis 3 hijos y rezamos para que Mateo llegara lo antes posible nunca dejé de llorar, les explique que a veces las mamás no podemos ser fuerte y me fuí, mi marido se hizo cargo 100% de ellos.  Esa noche fue dura, creo que no dormí nada, veía su cuna vacía sus cosas, pensaba si estará llorando, tendrá hambre, mientras me sacaba leche en la madrugada, rezaba para que él estuviera tranquilo.

Al otro día,  de la noche más larga de mi vida, llegué temprano, fui la primera mamá, tuve que esperar unos protocolos antes de entrar, hasta que lo pude ver,  sentí que pude volver a respirar, estaba dispuesta a estar todo el día a su lado, para mi grata sorpresa, su color ya había cambiado, la pediatra me dijo que si sus exámenes estaban buenos me lo podría llevar ese mismo día, ya que desde el examen clínico había mejorado bastante, tenia fe que así sería. Apenas me acerque el mi sintió (en fototerapia tienen los ojos tapados por la luz) y lloro muy fuerte, me dijeron que lo tomara y le diera leche, se calmó apenas lo toqué, la conexión que teníamos fue maravillosa, me calmé y estaba con toda la fuerza para luchar lo que fuera al lado de mi gordito.

Pasado el medio día, llegó la pediatra con la buena noticia que me lo podía llevar y creo que si alguien se ganara un premio grande, debe sentir la sensación que yo sentí, la felicidad más absoluta, no pude emocionarme mucho, por respeto a la otras mamás que estaban a mi lado y que seguramente les quedaría mucho tiempo más, pero si hubiera podido bailar, gritar o saltar lo hubiera hecho, pasé de la oscuridad a la luz en las 22 horas más largas de mi vida, que gracias a Dios tuvieron un final feliz y sin una puerpera demente, porque estuve a centímetros de caer en la locura más absoluta.

Voy a compartir un escrito que hice mientras esperaba a lado de la cuna de mi hijo, con la más absoluta incerteza de lo que pasaría, entendía que lo que padecía mi hijo no era grave, pero la lejanía de mi cuerpo con el suyo me tenia devastada en un periodo tan sensible como es el puerperio. Cuando llegamos a la casa con mi hijo por segunda vez, después de 13 horas sin verlo, fue como si naciera nuevamente para mí y desde ese día mi puerperio ha estado en calma, con los problemas típicos del día a día y la rutina, y la verdad me encanta.

Con mucho amor y respeto para todos esos padres que están en neonatología.

Mi más profunda admiración para todas las madres y padres de niños prematuros y enfermos en neonatología, que llegan día a día con su caras sonrientes y sus ojos cansados, a visitar a sus hijos, hablarles a través de sus cunas, a veces a tomarles la manito o si están mejor a hacer piel con piel . A esas mujeres que llegan con su leche de la noche anterior a seguir durante el día a sacándose en el lactario.

Mujeres poderosas y guerreras que se ponen felices con los mínimos logros de sus pequeños. Les entrego mi más absoluta admiración de quien las observa desde esta silla al lado de la cuna de mi hijo.

Que ganas de abrazarlas a todas y decirle muy bien, tu puedes seguir luchando, aunque en realidad lo saben, están en modo mamá guerrera, protegiendo a sus cachorros, yo por mientras sólo les devuelvo una sonrisa sentida y compartida que significa tanto y entrega calor en esos momentos, algo así como si fuéramos parte de algo.

Una mamá se acerca y me ofrece agua, seguramente de verme sentada sin moverme por horas al lado de mi hijo, me dice donde sacar más si necesito para no bajar mi producción leche, le agradezco profundamente su acto de cuidado hacia mí.

Hoy he vivido una nueva experiencia dolorosa que la recibo como un regalo de la vida, de darme la posibilidad de experimentar y poder conectarme con todos esos padres guerreros, algo que escuché muchas veces en mi consulta y que hoy me ha tocado vivirlo en primera persona. 

90-Neonatología

(imagen http://www.medicina.uanl.mx/pediatria/?page_id=32)

si quieres saber más sobre la Ictericia pincha aquí

 

María Paz Aguilera Oportus

Psicóloga Clínica.

Magister en salud mental infantil

Mamá de 4 .

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4 comentarios leave one →
  1. Macarena Amaro permalink
    5 octubre, 2017 15:36

    Mi profunda admiración a todas esas mamás y papás que viven esos momentos tan difíciles, sin duda como dices tú sacan su instinto más guerrero para poder sobrevivir. Que alegria que Mateo ya está bien junto a su familia, muchos cariños.

  2. 5 octubre, 2017 15:44

    Gracias Maca!! si es verdad nuestra admiración se la llevan esos padres.

  3. Carolina permalink
    5 octubre, 2017 23:43

    Y cómo se superan estas experiencias? En nuestro caso, tuvimos hospitalizado a nuestro bebé cuando tenía 25 días. Fueron 20 días en la UCI Pediátrica, los peores 20 días de mi vida. Tuvimos la enorme suerte de estar en un lugar donde permitían acompañar a los bebés las 24 horas del día. Hicimos turnos con mi esposo y mi mamá y no lo dejamos ni un segundo solo. Mi guagua estuvo varios días conectada a respirador mecánico, días en que nadie tenía la certeza de que viviría. Pero lo hizo, mi guerrero luchó y ganó y hoy, a más de un año de pasar por esta experiencia, yo aún no lo supero. Lloro al leer experiencias como la tuya, imaginándome lo desgarrador que hubiese sido tener que dejarlo durante la noche… creo que cómo tú mencionas, me hubiese vuelto loca. Supongo que el tiempo y la alegría de ver crecer a nuestros hijos ayudarán a superar esos “peores días de nuestras vidas”. Gracias por compartir tu experiencia. Un abrazo.

    • 6 octubre, 2017 8:20

      Hola Carolina, gracias por contar tu testimonio. Que fuerte lo que tuvieron que vivir como familia, que bueno que pudieron estar 24/7 tantos días y con la incertidumbre, yo creo que estas experiencias nunca se olvidan, sólo que uno aprende a vivir con ellas, la elaboras y pasan a ser parte de tu repertorio. Muchos abrazos para ti y me alegro que tu hijo esté bien al día de hoy.

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